15.09.05 Aportacions

Montserrat Tura y Mayte Martín: certezas, guiños, dudas, cuotas

Montserrat Tura y Mayte Martín: certezas, guiños, dudas, cuotas

Celebrado con total normalidad el acto institucional en el Parc de la Ciutadella de la Diada Nacional de Catalunya, la del “Volem un Nou Estatut”, quisiéramos matizar algunas cuestiones relacionadas con los “dimes y diretes” sobre la ideonidad de la actuación de Mayte Martín.

Como era de esperar la sensatez fue la tónica dominante. El intento de boicoteo no cuajó y la voz de Mayte junto a la guitarra de Juan Ramón Caro pudieron ejecutar el “palo” escogido para la ocasión.

Antes del Onze de setembre el ambiente se caldeó gracias a los que creen en la exclusividad de uso del territorio catalán, pero también ayudaron a elevar la temperatura la Consellera de Interior y la cantaora.

La Sra. Tura por justificar el hilo argumental del acto dando a entender que la participación de Mayte respondía al interés del Govern por reconocer a los que se manifestaron en castellano el 11 de setembre de 1976 en Sant Boi, exigiendo “llibertat, amnistia, estatut d´autonomia”. Cuando un gobierno democrático decide realizar un programa y contratar a determinados artistas, no tiene por qué guiñar el ojo a nadie. Mandar con autoridad enfortece, la debilidad es producto de la mala conciencia y del paternalismo. El Govern ha de ejercer como tal y no debería mostrar flaqueza ante las críticas. A veces las justificaciones se convierten en remedios, y ya se sabe que éstos, en algunos casos, son peores que la enfermedad. Disponemos de un Govern legítimo surgido de la correlación de fuerzas existente en el Parlament –institución soberana que representa a todos los catalanes, hayan nacido aquí o allá y al margen de idiomas, creencias, sentimientos-. Desde Interior se ha actuado pensando en cuotas, por eso se ha hecho trizas el abanico, objeto que no soporta meneos bruscos.

No sabemos si también hubiese aflorado el rifirrafe si la concesión hubiera recaído en Ricardo Solfa, El Chaval de la Peca, Loquillo o Manolo García. Casi seguro que los “combatientes”, al sentirse agredidos, habrían salido a la palestra con los mismos argumentos. Lo que ocurre es que el valor añadido de la polémica, el misterio, lo acentúa el flamenco, arte ligado a Andalucía, tierra de desplazados. En Catalunya, entre 1950-70 nos “asentamos”, y no a descansar, unos novecientos mil. Y en el Principat, por aquellas cosas de la vida, la clase política, esa que toca la flauta sin importarle si es dulce o travesera, ha dado carta de naturaleza a una federación barnizada de “cultura andaluza” que, sin pasar por las urnas, pacta, exige, consensúa, amenaza, … y consigue poder realizando sus tejemanejes con los aparatos partidistas versus administraciones públicas, jugueteando con un fantasioso voto cautivo.

Y en Catalunya, como en España, por las condiciones en que se pactó la reforma democrática (acuerdo posibilista pero claudicante para el antifranquismo radical), todavía hoy, 25 años después, una porción del imaginario colectivo ata al flamenco con la cultura monolítica que impuso la homogeneización del “una, grande y libre” que con tanto ahínco aplicó el dictador y sus compinches. A esto unos lo etiquetaron como nacionalflamenquismo y otros como folclore nacional.

La cantaora Mayte Martín tampoco estaba dispuesta a serenar la polémica, sobre todo estando cerca un Palau que había que ponerlo patas arriba. Ya sabemos que a río revuelto ganancia de pescadores. Después del Onze, convertida en mártir de la causa y colocada en el altar de los héroes por haber sabido mantener sus convicciones, saldrá a hombros por la puerta principal del Palau de la Música Catalana habiendo cortado orejas y rabos a tirios y troyanos. No hay mal que por bien no venga.

Mayte Martín es muy libre, faltaría más, de haber realizado, hace treinta años, una elección inalterable por cantar en castellano, pero falta a la verdad cuando asegura que el flamenco sólo se puede escuchar en la lengua que ella ha elegido. Que tradicionalmente haya sido así no la faculta a subirse al púlpito. El que no duda no tira “palante”. Las seguridades absolutas, tajantes, pueden responder a miedos al intuir próxima la decadencia. Las certezas, el situarse por encima del bien y del mal (esto es así porque lo digo yo y además porque siempre ha sido así), es un movimiento muy cercano a la reacción conservadora, la que se asusta ante cualquier cambio. Nadie debería autoproclamarse como poseedor de la verdad absoluta. ¿Quién tiene la llave que abre los recovecos de la sabiduría?. La postura cerrada de la cantaora catalana no es la mejor fórmula de colaboración en el desarrollo del vaivén artístico y del devenir histórico.

El flamenco se canta en castellano hasta que alguien lo haga en latín, japonés o en la lengua que la libertad individual del artista le indique. Con tan sólo mirar a nuestro alrededor sumaremos los idiomas del mundo que han adoptado la forma musical del rock favoreciendo así el enriquecimiento del arte. El mundo de los curiosos inquietos mestizos promiscuos, es muchísimo más excitante que el de los que siempre quedan bien porque siempre repiten lo mismo. Mayte Martín no necesitaba testificar ante notario, crear una nueva biblia, sentar cátedra. Con informar al cuarto poder que su elección, que su medio es el castellano y que nunca se había planteado utilizar su segunda lengua, era suficiente. El fuego de leña seca arde muy rápido.

Disponemos de huellas (documentos históricos) depositadas en archivos barceloneses, madrileños, sevillanos, parisinos y habaneros, procedentes de las hemerotecas de los diarios de principios y mediados del siglo XIX, donde en los teatros de ópera (lo popular y lo culto abrazándose en el mismo escenario), se cantaba en “caló”, lengua que nada tiene que ver con las vernáculas ibéricas. También en el Liceo de las Ramblas en la época mencionada se oyeron cantos agitanados en catalán. Mayte Martín es consciente, que sin menospreciar la aportación andaluza, es cierto el enorme valor en el nacimiento del flamenco (1850-1860) del pueblo gitano. Y en Andalucía y en Catalunya hemos tenido la suerte de que parte de ese pueblo se instalara, en algunos casos hace más de 400 años en esas geografías. Pero antes de aparecer el flamenco moderno, el horno estaba preparado ya que en su aforo había cobijado mimbres del folclore de todas las coronas y dinastías habidas y por haber. Sin este hecho, la eclosión, el “bram”, es probable que no se hubiera producido.

Mayte Martín sabe que bastantes colegas que profesan flamenco, sobre todo los tocados por la calina gaditana deben cantar en un castellano tan “evolucionao”, que incluso a vecinos del sur, les es difícil identificarlo como tal. Una artista ilustrada como Mayte conoce la existencia de determinados “palos” flamencos (estilos), que vienen de la raíz del fandango y de la jota. De fandangos y jotas las Españas están bien servidas. Excluir a las tierras bañadas por el Mediterráneo de esta realidad sería casi delictivo. Me consta que a Mayte le gusta mucho el “garrotín”, estilo flamenco que parece obra creativa de los gitanos de Lleida, aunque en este punto los estudiosos todavía no han acercado posturas. Lo que sí es cierto es que muchos o algunos hemos podido, en no pocas ocasiones, escuchar ese palo en catalán.

María del Mar Bonet y Miquel Gil, a partir de antiguas tonadas y romances (cants de treball, cants de feina), construyen parte de su obra artística. Y estos cantos contienen melismas e intención de una similitud palpable con estilos flamencos, los llamados cantes libres y sus respectivas ramificaciones. Mayte Martín, por su bagaje intelectual, recita de memoria los países que baña el Mediterráneo, mar que pone en contacto culturas diversas y dispares, pero podemos encontrar, sin demasiado esfuerzo, puntos en común. Y al recitar los pueblos, aparecen regadas lenguas, y entre otras, el castellano y el catalán, suman.

Un puñado grande de agua con acentos distintos, pero que pertenecen a una historia compartida de relaciones de todo tipo. Un cruce de comercio y de intercambio político, económico, lingüístico, cultural, social, artístico, …El Mediterráneo como lengua franca y vía de comunicación e influencias. De momento a nadie se le ha ocurrido construir muros de cemento separadores, aunque sí observamos ciertos flujos ideológicos que pretenden hacernos ver una historia poco apegada a la verdad.

Antes de este Onze de setembre, Mayte Martín había practicado en catalán. Bastaría recordar su colaboración discográfica con la Companyia Eléctrica Dharma (1983, Catalluna, Picap) o un decenio atrás junto a Marina Rosell en la programación de l´Espai.
Señalemos aquí que Mayte, con esa seguridad magistral que le caracteriza, disculparía el desliz negando la paternidad flamenca a los temas interpretados en las referencias señaladas. Puede que tenga razón. Lo que ocurre es que su escuela vocal está impregnada de flamenco, los juncos y los ribazos del río, del suyo, están sellados por ese arte, al margen de disquisiciones más o menos interesadas.

Suponemos que podríamos alcanzar el consenso (tan necesario y tan en boga estos días) reconociendo como interlocutora a la rumba catalana. Quizá la única música popular nacida en Europa en ámbito urbano en el siglo XX, podría facilitar el roce, el que provoca el goce, que al fin y al cabo es de lo que se trata.

Una artista de enjundia con 30 años de amor a sus espaldas puede cantar en el idioma que le aconseje su real gana. Calidad, belleza, gusto, emoción, … se sitúan por encima de la lengua, sin que esto signifique que no defendamos “el mejor dos que una y el superior tres que dos”. Exactamente esto ocurrió el pasado Onze de setembre. El arte de Mayte y Juan Ramón encandiló a la asamblea, y el dúo se creció entre la ida y la vuelta de una “vidalita” que supo a gloria.

Lluís Cabrera / President de l´Associació Els Altres Andalusos
Barcelona, 14 de setembre de 2005

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