Teorías sobre la nueva realidad
DEBEMOS preservar la facultad de ser españoles, cada uno a su manera, decía Ernest Lluch
Sin una teoría, los hechos no dicen nada”. La cita es de Friedrich August von Hayek (1899-1992), premio Nobel de Economía en 1974 y uno de los pensadores liberales que más influyeron en las revoluciones conservadoras impulsadas por Margaret Thatcher y Ronald Reagan en los años ochenta.
Estaba un día del pasado largo puente compartiendo mantel con cuatro personas con mentes especialmente lúcidas; la conversación iniciada a la hora del almuerzo se prolongó hasta entrada la noche, justo cuando llegábamos a tiempo para recoger una veintena de litros de aceite del molino que cerraba sus puertas a las nueve de la noche, allá en la silenciosa Vall del Corb, que esta temporada conoce una de las cosechas históricas, en calidad y cantidad.
Se habló de todo y de todos, y no pudimos sustraernos a un análisis exhausto y desordenado sobre la situación en Catalunya y su relación con España.
No salió una teoría sobre la situación en Catalunya porque tendrá que transcurrir cierto tiempo para teorizar sobre el cambio social, económico y político que está conociendo una sociedad que todavía no se hace a la idea de que un gobierno que fue percibido como un gran fracaso haya conseguido ser reelegido democrática y pacíficamente.
Un asomo de teoría sí que surgió a lo largo de la conversación a cinco. La clase social que dirige el país política y económicamente ha cambiado. No sólo por el hecho de que la máxima autoridad de Catalunya sea un catalán nacido en Córdoba, sino porque el país real se está abriendo paso sobre el país ideal, el predeterminado por la identidad histórica, por la teoría asumida por todos de que es desde uno o dos barrios de la Barcelona burguesa e ilustrada de donde salen las figuras que cargan con la responsabilidad de dirigir los destinos del país.
Al margen de los desatinos del anterior gobierno y de los que pueda perpetrar el que acaba de estrenarse, hay un dato interesante: sólo cuatro de los consellers del Govern d´Entesa han nacido en Barcelona.
Otra aproximación teórica es el distanciamiento o el desapego que se ha producido respecto a España. Esta nueva realidad no ha venido por vía identitaria sino por los sentimientos y por los intereses. Muchos catalanes nos hemos sentido despreciados, por no decir ultrajados, por sectores que invocan la unidad de España en detrimento de su complejidad y pluralidad. Como decía Ernest Lluch, debemos preservar la facultad de ser españoles, cada uno a su manera.
Si no es posible, los hechos pueden obligar a formular una nueva teoría, muy parecida a la que pueden vivir en el mes de mayo los escoceses si las encuestas se confirman y el Scottish National Party, partidario de la independencia del Reino Unido, gana las elecciones autonómicas. Lo más sorprendente de la encuesta publicada por The Sunday Telegraph el pasado domingo es que un 59 por ciento de los ingleses no movería un dedo si Escocia decidiera revocar la Act of Union de 1707 que los convirtió a todos en británicos. Escocia no es Montenegro, con todos los respetos para la nación balcánica.
Teorizar sobre la nueva situación que vive Catalunya en términos clásicos puede confundirnos a todos. Pienso que nadie tiene ambiciones de romper nada ni con nadie. Pero en la nueva realidad creada por la globalización, la identidad, que no desaparecerá y en todo caso evolucionará, no habrá que defenderla desde la simbología sino desde los intereses particulares y colectivos de un pueblo cohesionado. La novedad es que se puede dar la paradoja de que quienes la impulsen sean los que gestionan la Catalunya real y no la ideal. Pero sólo son teorías parciales, pergeñadas a lo largo de una prolongada conversación otoñal.
Lluís Foix
La Vanguardia 12-12-2006
