Altres andalusos

Altres andalusos, o simplement altres, altres...


07.10.07 Catalunya, Economía, Immigració, La Vanguardia, Premsa

Locutorios, ayer y hoy

Creo que la manifestación más palpable de lo que el arquitecto Bernard Tschumi denominó transprogramming es aquello que los locutorios llegaron a ser hace unos años. Abogando por una arquitectura fundada en el evento y no en una configuración espacial que predetermina los usos, Tschumi sugería que la arquitectura debería prescindir de la separación de programas y proceder a fusionarlos en combinaciones programático-espaciales sin precedentes.

El encuentro con otros con quienes se comparte una situación análoga hizo del locutorio un consulado

Los locutorios, con una historia en Barcelona de poco más de diez años, cumplieron estos preceptos. Los requerimientos de usuarios de diversas procedencias en un continuo proceso de adaptación multiplicaron las necesidades que debían ser atendidas. La necesidad de establecer contacto con lo propio y con los propios, la posibilidad de encuentro con otros con quienes se compartía una situación análoga, el hallazgo de un espacio en el que eran necesarias menos explicaciones que en el exterior hicieron de este lugar no institucional una suerte de consulado en el que el recién llegado podía encontrar información útil que facilitase su proceso de adscripción a un nuevo medio.

Trámites de extranjería, centros sociales, envío de paquetes, videotienda, frutería, bar, peluquería, fueron algunas de las inesperadas combinaciones de usos y funciones que allí se dieron. Sin embargo, y particularmente en los dos últimos años, diversas normativas municipales se han encargado de normalizar estos locales con el propósito de que no se concentren en áreas determinadas, ajusten su estética a otros patrones estéticos y se centren en una sola actividad: los servicios de telecomunicación.

Por supuesto, muchos de los servicios que estos locales ofrecían no eran compatibles con respecto a la infraestructura con que contaban y era preciso regular sus actividades en tanto que uso comercial. Sin embargo, muchas de las ordenanzas municipales parecían el resultado de presiones vecinales fundadas en el temor frente al otro, con restricciones que ninguna otra actividad había de cumplir o normativas fundadas en justificaciones como que la proliferación de estos locales suponía el empobrecimiento del tejido comercial de la ciudad.

En esta trayectoria pareciera que pudiéramos leer un capítulo central del fenómeno de la inmigración en relación con la actitud que ha cumplido la Administración de la sociedad de acogida, pues quedan patentes tanto los intentos descritos de los recién llegados por adaptarse a un nuevo medio, como la imprevisibilidad administrativa implícita en su pretensión de encauzar un fenómeno que desbordó su previo marco de realidad.

J. ALEJANDRO GARAY, arquitecto

La Vanguardia 07/10/2007

Deixa un Comentari