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27.04.09 Fira d'Abril

La gran mentira

Los políticos desfilan por la Feria como si fuera un baño purificador, el Ganges de nuestros complejos

Este artículo no pretende hacer amigos. Ni tampoco pretende agriar la diversión a quienes se marquen unas sevillanas estos días de abril. Muy al contrario, si algo me parece sano, en estos tiempos de persistentes malas noticias, es que la gente salga a bailar, se tome unas cañas y pase el rato con los amigos. Recordar, además, la música y la cultura de esa Catalunya candeliana, que cambió la piel de este viejo país, me parece tan necesario como justo. Pero hay un abismo entre defender la Catalunya de mezclas y considerar que la Feria de Abril que monta la Fecac, bien regada con dinero público, es la expresión de esa realidad. Hay una gran diferencia entre defender la identidad andaluza de muchos catalanes y convertir un negocio privado en el estandarte de esa identidad. Y, por supuesto, hay un abismo entre construir puentes culturales y tener el monopolio de los chorizos que se venden en una feria. Lo primero es construcción de la convivencia. Lo segundo, es puro y duro negocio.

Así pues, hay una inmensa diferencia entre bailar sevillanas en un centro cultural y ser el mandamás de una Feria que decide qué marcas se venden, qué música se toca y hasta quién puede poner caseta. Y todo ello, exigiendo que se abran las arcas públicas, para subvencionar el evento. Este año, por cierto, en plena crisis, con un paro que supera el 16%, con el dinero público en colapso, con la ley de la Dependencia en bancarrota permanente y con cien mil personas sin subsidio de paro, nuestras administraciones han otorgado 299.300 euros a los organizadores de la Feria. No sólo se trata, pues, de la expresión cultural más generosamente regada con dinero público de Catalunya, sino también de la más abusivamente tutelada. ¿Por qué hemos convertido al señor García Prieto en una especie de embajador áulico de los andaluces de Catalunya? ¿Por qué casi todos los políticos se ponen en la fila para enseñar su careto en alguna caseta? ¿Por qué subvencionamos, con el dinero de todos, un generoso negocio privado? ¿Está previsto que los empresarios que gocen de dicho negocio palíen la subvención donando parte de sus beneficios? Y ¿cómo es posible que haya marcas que no puedan vender en un acontecimiento subvencionado? ¿Quién decide, quién controla, quién manda? Quien está claro que no manda es quien pone el dinero de todos.

Algunas consideraciones. De entrada, que fue Jordi Pujol el primero que comió alpiste en la manita del señor García Prieto, quizás necesitado de hacerse perdonar su catalanísimo origen. “Ponga unas sevillanas en su vida, y será menos sospechoso”. Pero con él, toda la clase política catalana ha desfilado por el chiringuito montado por la Fecac, como si fuera una especie de baño purificador, el Ganges de nuestros complejos. Era tanta la presión ambiental, que parecía que pasaban lista de políticos, y ¡ay de los que no fueran! Y así, año a año, en un ritual de extrañas apariencias, donde nadie era quien decía ser, pero todos sonreían a la cámara. En el fondo, todo este gran montaje parte de una gran mentira, que hemos decidido convertir en un hecho irrefutable: que se trata de la expresión de una cultura popular, cuando se trata, fundamentalmente, de un buen negocio. Mientras tanto, desfallecen decenas de expresiones culturales, algunas de las cuales tan abandonas a su destino, que pueden desaparecer. ¿Es necesario recordar, por ejemplo, que la Cobla Nacional de Catalunya no goza de presupuesto asignado? Más grave aún, puestos a subvencionar con 300.000 eurazos este acontecimiento, ¿tienen derecho los organizadores a prohibir otro tipo de músicas y bailes, como así lo han hecho?

Concluyo rematando amigos: esto es una inteligente tomadura de pelo, capaz de alimentarse de las muchas debilidades de nuestros acomplejados políticos. La cuestión es: ¿hasta cuándo mantendremos el negocio de algunos con el dinero de todos? Y, sobre todo, ¿hasta cuándo permitiremos que usen lo andaluz como coartada?

Pilar Rahola
Article publicat a La Vanguardia el 26/04/2009

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1 Comentaris

  1. 01.05.09 Abate Marchena

    Vaya por delante mi poca afinidad con esta inestable Pilar Rahola.
    Emigrar definitivamente por cuestiones economicas con la edad de 10-14 años, dejar atrás la infancia, el paisaje, los amiguitos etc..
    Eso marca para toda la vida. Es un viaje sin retorno posible.
    LLegas a un país con unas tradiciones distintas y un pasado histórico que poco a poco asimilas.
    La mayoría de los andaluces perdemos nuestra identidad si asumimos los hechos sin idealizarlos.
    Eso le ocurre a este comentarista. Considera a Espanya su madrastra, tras la experiencia, la lectura de su historia, el cainismo practicado durante siglos y el estudio psicológico de la ideosincracia de sus moradores.
    Algunos de esos elementos que no siguen la lógica de los hechos, ni se preguntan ?qué les ha ocurrido para tener que emigrar?, son los que llevan en sus espaldas aún la castración que sufrieron en sus pueblos para no ser “libres”.
    Montan en esta tierra “guetos” culturales como esta “Feria de Abril” de aparente felicidad e irresponsable genocidio lento de la cultura autóctona.

    En vez de liberarse de la cultura recibida, siguen pesrsistiendo en seguir castrados para la libertad.
    Escribo esto en el pequeño recuadro del blog que no me ofrece perspectiva para controlar el desarrollo del tema.
    Perdonad. Otra vez escribiré en el Works, copiaré y pegaré aquí.

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